Cartagena's Forbidden Passion Awakened final
by forbidden345passionEl sol de Cartagena se filtraba a través de las cortinas de nuestra habitación en el hotel, un lugar con balcones que daban a calles empedradas donde los vendedores ambulantes gritaban ofertas de jugo
about 2 months ago
•long read•intense intensityEl sol de Cartagena se filtraba a través de las cortinas de nuestra habitación en el hotel, un lugar con balcones que daban a calles empedradas donde los vendedores ambulantes gritaban ofertas de jugos frescos y arepas. Nos habíamos encontrado en Cartagena hacia dos días, Maykell de Orlando, yo de Medellin del cumpleaños de mi amiga Lina, escapandonos de la vida rutina de Orlando. El viaje había sido perfecto: caminatas por el centro histórico, al lado del mar Caribe que nos dejaban con la piel salada y risas que no habíamos compartido en años. Me sentía más cerca de Maykell que en mucho tiempo, como si el calor húmedo de la costa estuviera derritiendo las barreras que el tiempo había puesto entre nosotros.
Esa tarde, mientras descansábamos en la cama después de un almuerzo de ceviche en un restaurante escondido, me miraste con esa sonrisa traviesa que siempre precede a algo inesperado. "Mariela, tengo una sorpresa para ti", dijiste, sacando un cuaderno del maletín. Tus ojos brillaban con una mezcla de excitación y nerviosismo, mientras Estornudó. Ahi supe que era algun pensamiento erotica sobre mi, por su estornudó, "Pero prométeme que vas a ser de mente abierta. Quiero que lo leas sin culpa, sin vergüenza. Solo disfrútalo, déjate llevar por el placer".
Sabía de tus fantasías. Siempre habías intentado contarme cómo te excitaba imaginarme con otros hombres, cómo eso avivaba tu deseo por mí. Yo siempre lo esquivaba, riéndome o cambiando de tema, porque me hacía sentir expuesta, vulnerable. Pero en Cartagena, con el aire cargado de sal y el ritmo lento de la ciudad, todo parecía posible. "Está bien", respondí, acomodándome a tu lado en la cama. "Léelo conmigo. Vamos a ver qué es esto".
El título en la primera página era "Deseo Prohibido". Empecé a leer sin decir nada, lentamente al principio, mientras tú te recostabas y comenzabas a acariciar mi vientre bajo debajo de las sabanas con las yemas de los dedos. Tus toques eran lentos, circulares, bajando poco a poco hacia mis muslos internos. La historia era sobre mí. Sobre Ricardo. Mi aventura con él, hace mas 16 años, cuando empece la residencia medica en el hospital de El Paso. Todo empezó Febrero 26 del 2010 a las 6:35 de la tarde, un simple email de aol que yo todavia guardo, un email que me cambio la vida. Una notificacion que Ricardo me habia mandado un mensaje por facebook messenger innocente “Good to see you here” “;-)”… solo con eso y el recuerdo de como me miraba cuando lo conoci por primera vez ya estaba enlacada.
"Ricardo era el marido de Sonia, una Linda muchacha que me ayudó cuando fui a las entrevistas de residencia y rapidamente nos volvimos amigas", leí. "Pero desde el día que me presento a Ricardo en esa reunión después de mi entrevista para la residencia médica, sus ojos se clavaban en mi de una forma que me hacía sonrojar. Yo vestia un vestido suave y ajustados que marcaban mis curvas, y él no podía evitar mirarme constantemente.
Despues que nos mudamos a El Paso en Junio del 2009 para empesar la residencia lo vi denuabo en una fiesta para los nuebos residences en la casa de ellos. Yo con Maykell y rodiada de todo as las personas del programa. Sentia su mirada en mi, como si me estaba desnudando con sus ojos, solo con sus ojos, viendo todo lo que llevaba debajo". Ricardo era la attraction de la fiesta jugando con todos reindose con Maykell mientras toda la el atardeser y noche yo sentia sus ojos en mi. Viendo mi tanga mojada debajo de mis pantalones campanas de jean y veindo mis pesones duros debajo de mi camisa negra. Sentí un pulso inmediato entre mis piernas al recordar esos momento. Mientras Maykell seguía frotando, sus dedos rozando entre las piernas y la vagina, y mi respiración se volvió pesada.
Recorde como esa noche en casa hicimos el amor con mucho mas passion que en mucho tiempo. Yo estaba en fuego todo por su mirada. No dije nada, pero mi cuerpo ya respondía. Asi pasaron muchos mas events y fiestas el siempre coquetiando con todas las amigas de Sonia todas siempre encantadas, pero para mi me estaba solo empesando el encanto. Siempre diciendole a Maykell de lo comico que era Ricardo en la fiestas y el burlandose de mi que sabia que lo encontraba guapo. Y el sexo entre nosotros cada ves mas caliente porque yo estaba pensando en esas miradas.
Para cuando vi ese correo electronico de aol ese Febrero 26 del 2010 a las 6:35 de la tarde, ya yo estaba encantada por el. Todas esas fiestas y reuniones en las que lo había visto me habían dejado anhelando más. Ahora sé que ese siempre fue su plan y que para cuando me envió ese primer mensaje ya había visto en mis ojos que yo era sucetible para él. Empecé a comunicarme con él con Messenger al principio. Todos los mensajes inocentes con su ocasional, te veías tan hermosa hoy cuando te vi en esa fiesta o en el hospital, Maykell es un tipo afortunado. De alguna manera le dejé coquetear y hacerme cumplidos disfrutando de su atención. Mientras todavía me mentía a mí mismo que esto era inocente.
Continué leyendo, yo cada ves mas atenta. La historia detallaba cómo empezaron los mensajes inocentes ese Febrero del 2010 " “Good to see you here” “;-)”". Cada pequeña parte me emocionaba desde el primer mensaje solo para saludar, que el queria communicarse y pensara en mi, me hacia sonrojarme. Empecamos a enviarnos mensajes todo el tiempo por messenger, a todas horas, en mis turnos, asta cuando estaba en cama con Maykell y el con Sonia. Con cada mensaje innocente me atrapaba mas en sus manos. Le escribia mucho más a el que a Maykell mi propio esposo al que siempre solo le decia que estaba may ocupada en mi turno. Así pasaron tres o quatro semanas al empesar. Yo cada ves mas feliz de esta amistad innocente yo me diria pero que por dentro yo sabia tenia que ocultarla de todos. De Maykell y de Sonia. Como explicarle a Sonia que yo me hablaba con su esposo cuando el estaba de viajes. Que el me llamaba despues de cortarle an ella y dicirle buenas noches, que se iba a dormir mientras realmente pasaba toda la noche hablando y enviándome mensajes a mi. Incluso en los turnos que haciamos juntas las dos.
Luego, cuando los mensajes inocentes se volvieron provocativos. "Sé que bajo de esos scrubs hay algo que me volvería loco", me escribio él una noche. "Detente, Ricardo, eso no estamos casados", respondí yo en el relato, mentiendome a mi misma y tratando de frenarlo a el. De que yo no queria eso, pero mi cuerpo gritaba la verdad: yo estaba mas que mojada y adicta a sus palabras mi corazon latiendo fuerte. Mi mente decia no, que tenia que parar, pero con cada nuevo mensaje el me atrapaba mas. Una mañana Maykell habías visto uno de esos textos innocente y asta el me dijo mi amor "Este hombre quiere algo", cuando Maykell se dio cuenta que me estaba escribiendo por texto a today horas con el por la cuanta de telefono yo fingí que era nada, que lo bloquearía. Pero no lo hice so accepte que reciardo me hiciera una cuenta nueva de messenger. Así yo podría seguir leyendo todos sus mensajes innocente. Cómo me iba a tocar, qué me iba a hacer estaba adicta y no podia frenarlo. En cambio, me tocaba pensando en él, en cómo se sentiría si me tocara, si me hiciera lo que dijo que me iba a hacer
Tus caricias se intensificaron. Tus dedos se colaron bajo la tela de mis shorts, rozando mi clítoris con delicadeza. "Déjate llevar, amor", murmuraste. "No hay nada malo en tu deseo. Solo disfrútalo". Estaba en llamas. Cada línea que leía revivía memorias: los textos donde él juraba que el sabía cuánto yo quería que me tocara, cómo yo intentaba resistirme mencionando a nuestras parejas, pero que en el fondo ansiaba que me devorara. Leía sobre el primer beso, en el mirador de Transmontaña, donde Ricardo me acorraló en su carro, sus labios capturando los míos con urgencia. En ese momento, en la historia, deslizó sus dedos dentro de mí, y tú, Maykell, lo imitaste en la realidad. Maykell podía sentir lo mojado que estaba como cuando los demos de Ricardo por primera ves me tocarron en me encontro húmeda, ansiosa, y gemí sin poder contenerme.
"¿Te gusta?", preguntaste, tu voz ronca. No respondí, pero mi respiración entrecortada y la forma en que mis caderas se arqueaban hacia tu mano lo decían todo. Intentaba resistir, no quería admitir cuánto disfrutaba revivir eso contigo, cuánto me excitaba recordar a Ricardo. Pero seguí leyendo, desesperada por revivir mas llegar a las partes donde él me convencia donde me desnudaba, donde frotaba la punta gruesa de su verga contra mis labios vaginales, sin penetrarme aún, solo provocándome hasta que el placer me hacía temblar.
La habitación olía a mar y a nuestro sudor mezclado. Tus dedos se movían dentro de mí, curvándose para tocar ese punto que me volvía loca, mientras yo devoraba las palabras. En la historia, Ricardo me quitaba la blusa con lentitud, exponiendo mis pechos, lamiendo mis pezones hasta que jadeaba. Tú bajaste tu boca entonces, reemplazando tus dedos con tu lengua. Lamiste mi clítoris, chupando con avidez, y yo dejé caer el cuaderno por un segundo, perdida en la sensación. Imaginaba que eras él, que era Ricardo comiéndome, en ese mirador imaginario, con la vista de la montaña mientras el me desnudaba y tocaba en su carro y yo diciendo no.
"Piensas en él, ¿verdad?", susurraste contra mi piel, tu aliento caliente. "Dime que te encanto que te tocara como él lo hizo". Negaba con la cabeza, mordiéndome el labio, pero mi cuerpo traicionaba. Estaba más mojada que en años, mi vagina palpitando alrededor de tu lengua. La historia continuaba: cómo resistí al principio, frotando solo la cabeza de su rabo contra mis manos, el grosor de ese hongo enorme rozándo mi piel y volviendome loca, enviando ondas de placer que me hacían correrme sin que él siquiera entrara. Leí desesperadamente, mi voz ahogada en gemidos recordando como"Me corrí así, solo con eso, y él me susurró: “Eso, mi amor, muévete, muéstrame cuánto lo quieres'" mientras yo me empujaba contra los dedos de Ricardo y decia “No, Para Por Favor, no puedo hacer esto” pero no dejaba de moverme.
Tus lamidas se volvieron más rápidas, con tu lengua y tus dedos imitando el movimiento de como Ricardo me tocaba en mi mente. Me corrí entonces, fuerte, mis caderas empujando contra tu boca y tus dedos, un chorro de humedad empapando las sábanas. No pude evitarlo; era como si el tiempo se hubiera rebobinado 16 años. Tú lo sabías, lo sentías en cómo mi cuerpo se convulsionaba, en mis gritos ahogados que no negaban nada, que yo era de Ricardo
Pero no paré de leer. La historia describía el día que cedí por completo. La noche que Ricardo me llevo a cenar. La noche que me dije a mí mismo que iba a terminarlo, pero aún así me vestí con mis bragas más sexys con el provocativo vestido negro que fui a comprar con Maykell en el centro comercial Sunland Park antes de que llevara a nuestra hija a Miami. El vestido que compré con él mientras imaginaba a Ricardo quitándomelo mientras me lo proba en el camerino. La noche de yo me decia que iba a parar y decile que "No puedo más", Pero en cambio lo invité a mi casa con la excusa de que iba a hablar sabiendo muy bien lo que quería.
Tú, Maykell, te incorporaste, tu verga dura presionando contra mi muslo. "Mírate, estás perdida en esto", dijiste, quitándome los shorts por completo. Me puse de rodillas en la cama, el cuaderno olvidado a un lado, mientras tú te posicionabas detrás de mí. Tus manos separaron mis nalgas, y sentí tu lengua allí, lamiendo mi ano con sorpresa, un toque que nunca habíamos explorado tanto. Gemí, recordando cómo Ricardo una vez rozó ese lugar con sus dedos, prometiendo más. "Esta bien sentirte así, mi amor", murmuraron los dos "Quiero que te rindas a tus fantasías. Piensa en él como querias que te penetrara".
Entraste en mí entonces, tu rabo deslizándose en mis labios empapados con facilidad. Embestías lento al principio, dejando que leyera más fragmentos: los textos donde Ricardo describía cómo se tocaba pensando en mí, cómo sabía que yo me masturbaba con sus palabras. Nunca lo había admitido, pero era verdad. Antes de él, no me tocaba así; después, no podía parar. Imaginaba su acento ronco diciéndome que no dejara que tú leyeras los mensajes, que te pondrías celoso. Y lo estabas, pero de una forma que te endurecía más.
Tus embestidas se aceleraron, una mano en mi clítoris, la otra apretando mi pecho. "Dime que lo quieres dentro de ti denuebo", exigiste. Intenté resistir, mordiendo la almohada, pero mis caderas respondían, empujando hacia atrás, queriendo más. En la historia, Ricardo me penetraba sin piedad, su pene grueso y curviado llenadome como nadie, y yo me corría una y otra vez, gritando su nombre en silencio. Maykell de nuebo me pedia que le admitiera que “ el pene de Ricardo me encantaba mas que el del, que el pene del es el unico que me a echo venir com colo entrar” yo no podia decir eso pero Tú lo sentiste: mi vagina contrayéndose alrededor de tu verga, mojándote por completo. "Joder, Mariela, estás tan mojada", gruñiste. "Eso es lo que querías, ¿verdad? Su rabo grande, provocándote hasta que no pudieras parar". Maykell se muere porque se lo diga en vos alta, que diga Ricardo que diga que Su pene es el mejor, pero mi cuerpo se lo dice aunque mi voz no, solo en como me mojo cuando pienso en Ricardo
Me volteaste, poniéndome encima de ti, y reanudé la lectura mientras cabalgaba Su pene. Cada palabra avivaba el fuego: cómo él me hacía rogar sin palabras, cómo su punta gruesa me hacía correrme solo rozándome. "Muévete contra mí, como lo hiciste con él", me dijiste, y lo hice, mis caderas girando, frotando mi clítoris contra tu base. Imaginaba a Ricardo debajo de mí, su voz: "Así, mi amor, eres una bellesa, baila, muéstrame tu deseo".
El clímax de la historia era ese día no pude contenerme más. En nuestra propia cama, después de meses de provocaciones, lo dejé entrar por completo. Su rabo me llenaba, embistiendo profundo, y yo empujaba contra él, corriéndome instantáneamente. "Esto es lo que has soñado", me decía. "Dime que lo quieres". Mis gemidos eran la respuesta, mi cuerpo temblando en éxtasis. Las voces de Ricardo y Maykell ambos diciendome lo mismo.
Tú aceleraste, follándome con fuerza, tus manos en mis caderas guiándome. "Córrete para mí, pensando en él", ordenaste. Y lo hice, un orgasmo que me dejó temblando, mi coño apretándote hasta que te corriste dentro de mí, caliente y profundo, un cream-pie que me hizo sentir llena, deseada. Colapsamos juntos, jadeando, el cuaderno caído al suelo.
Pero la historia no terminaba ahí. Seguí leyendo, aún montada en ti, sintiendo tu semen goteando de mí. Ricardo y yo habíamos prometido que era la última vez, pero los textos continuaron, las fantasías persistieron. En Cartagena, con el mar rugiendo afuera, me di cuenta de que no era solo sobre él. Era sobre nosotros, sobre cómo revivir eso nos había encendido de nuevo.
Te besé, profundo y lento. "Me gustó", admití por fin, mi voz un susurro. "Me encanto Mucho la historia". Tú sonreíste, endureciéndote otra vez dentro de mí. "Sabía que lo harías. Ahora, hagamos nuestra propia versión".
Pasamos la noche explorando. Me ataste las manos con la bufanda de seda que trajimos, un juego que nunca habíamos probado. Tus dedos y lengua recorrieron cada centímetro: lamiendo mi ano de nuevo, introduciendo un dedo lubricado mientras me follabas el coño con la lengua. Gemí, imaginando a Ricardo, pero también a ti, fusionados en mi mente. Me hiciste correrme así, squirteando sobre tus labios, y luego me penetraste de nuevo, esta vez por detrás, lento y profundo en mi culo, algo que solo había fantaseado. "Sí, joder, más", supliqué, mi resistencia rota.
Al amanecer, exhaustos y satisfechos, caminamos por la playa. El sol salía sobre el Caribe, tiñendo el agua de oro. "Gracias por el regalo", te dije, entrelazando mis dedos con los tuyos. "Me hiciste recordar que el deseo no es prohibido; es nuestro".
Tú reíste, tirándome hacia ti para un beso salado. "Y te tengo una sorpresa mas mi amor. ¿Lista para la próxima aventura?” Hoy te van hacer un masaje, Daniel esta aqui, mi corazón y mi respiración se aceleraron. Daniel el primo de Lina? El que nos dio a todas las invitedas masajes que yo le admiti a Maykell me avian encantado y vuelto loca. Aunque el fue may respotoso con todas. Todas nos reiamos cuando nod contabamos enter nosotras lo que diving avia sido. Si ese medijo Maykell. You lo contacted para darte solo masajes a ti esta semanada. Maykell me dijo que Daniel le dijo “que le encantaria darme solo masajes a mi asi podiera concentrate mas solo en mi”, pero otra cosa el te iba a recojer todos los dia y salieran al or star primero algo liviano y despuies te llevaria a su hotel para el masaje. Yo estaba en shock con este plan. No porque no me encataria Daniel era encantador pero no se que Maykell pensaba que iba a pasar. Y por ultim Maykell me dijo el leyo tu historia. No sabe que es verdad solo una fantasia. Ahora si me volvi loca. El saber que Daniel que noto que como mis pesones se endurecian por el debajo de la teal finita de mi blush transparent, y cuanto me moje cuando sus manos repetuosamente me tocaba el cuerpo. Cada otro dia de masajes me mojaba mas aunque el nunca me toco ninguna parte intimima. No porque me fartaba ganas. Pero saber que Daniel leyo una historia conmigo donde me dominaban sabiendo may bien que el sabia que me mojaba y prendia mientras me tocaba me puso caliente denuebo. Solo pensaba en que podia poner me y arrielarme el pelo para cuando me recogiera. Estaba en el cuanto con mi esposo imigando como vestirme para que otro ombre me viera deliciosa.
Asentí, el calor entre mis piernas reviviendo. En Cartagena, todo era posible.
Esa tarde, mientras descansábamos en la cama después de un almuerzo de ceviche en un restaurante escondido, me miraste con esa sonrisa traviesa que siempre precede a algo inesperado. "Mariela, tengo una sorpresa para ti", dijiste, sacando un cuaderno del maletín. Tus ojos brillaban con una mezcla de excitación y nerviosismo, mientras Estornudó. Ahi supe que era algun pensamiento erotica sobre mi, por su estornudó, "Pero prométeme que vas a ser de mente abierta. Quiero que lo leas sin culpa, sin vergüenza. Solo disfrútalo, déjate llevar por el placer".
Sabía de tus fantasías. Siempre habías intentado contarme cómo te excitaba imaginarme con otros hombres, cómo eso avivaba tu deseo por mí. Yo siempre lo esquivaba, riéndome o cambiando de tema, porque me hacía sentir expuesta, vulnerable. Pero en Cartagena, con el aire cargado de sal y el ritmo lento de la ciudad, todo parecía posible. "Está bien", respondí, acomodándome a tu lado en la cama. "Léelo conmigo. Vamos a ver qué es esto".
El título en la primera página era "Deseo Prohibido". Empecé a leer sin decir nada, lentamente al principio, mientras tú te recostabas y comenzabas a acariciar mi vientre bajo debajo de las sabanas con las yemas de los dedos. Tus toques eran lentos, circulares, bajando poco a poco hacia mis muslos internos. La historia era sobre mí. Sobre Ricardo. Mi aventura con él, hace mas 16 años, cuando empece la residencia medica en el hospital de El Paso. Todo empezó Febrero 26 del 2010 a las 6:35 de la tarde, un simple email de aol que yo todavia guardo, un email que me cambio la vida. Una notificacion que Ricardo me habia mandado un mensaje por facebook messenger innocente “Good to see you here” “;-)”… solo con eso y el recuerdo de como me miraba cuando lo conoci por primera vez ya estaba enlacada.
"Ricardo era el marido de Sonia, una Linda muchacha que me ayudó cuando fui a las entrevistas de residencia y rapidamente nos volvimos amigas", leí. "Pero desde el día que me presento a Ricardo en esa reunión después de mi entrevista para la residencia médica, sus ojos se clavaban en mi de una forma que me hacía sonrojar. Yo vestia un vestido suave y ajustados que marcaban mis curvas, y él no podía evitar mirarme constantemente.
Despues que nos mudamos a El Paso en Junio del 2009 para empesar la residencia lo vi denuabo en una fiesta para los nuebos residences en la casa de ellos. Yo con Maykell y rodiada de todo as las personas del programa. Sentia su mirada en mi, como si me estaba desnudando con sus ojos, solo con sus ojos, viendo todo lo que llevaba debajo". Ricardo era la attraction de la fiesta jugando con todos reindose con Maykell mientras toda la el atardeser y noche yo sentia sus ojos en mi. Viendo mi tanga mojada debajo de mis pantalones campanas de jean y veindo mis pesones duros debajo de mi camisa negra. Sentí un pulso inmediato entre mis piernas al recordar esos momento. Mientras Maykell seguía frotando, sus dedos rozando entre las piernas y la vagina, y mi respiración se volvió pesada.
Recorde como esa noche en casa hicimos el amor con mucho mas passion que en mucho tiempo. Yo estaba en fuego todo por su mirada. No dije nada, pero mi cuerpo ya respondía. Asi pasaron muchos mas events y fiestas el siempre coquetiando con todas las amigas de Sonia todas siempre encantadas, pero para mi me estaba solo empesando el encanto. Siempre diciendole a Maykell de lo comico que era Ricardo en la fiestas y el burlandose de mi que sabia que lo encontraba guapo. Y el sexo entre nosotros cada ves mas caliente porque yo estaba pensando en esas miradas.
Para cuando vi ese correo electronico de aol ese Febrero 26 del 2010 a las 6:35 de la tarde, ya yo estaba encantada por el. Todas esas fiestas y reuniones en las que lo había visto me habían dejado anhelando más. Ahora sé que ese siempre fue su plan y que para cuando me envió ese primer mensaje ya había visto en mis ojos que yo era sucetible para él. Empecé a comunicarme con él con Messenger al principio. Todos los mensajes inocentes con su ocasional, te veías tan hermosa hoy cuando te vi en esa fiesta o en el hospital, Maykell es un tipo afortunado. De alguna manera le dejé coquetear y hacerme cumplidos disfrutando de su atención. Mientras todavía me mentía a mí mismo que esto era inocente.
Continué leyendo, yo cada ves mas atenta. La historia detallaba cómo empezaron los mensajes inocentes ese Febrero del 2010 " “Good to see you here” “;-)”". Cada pequeña parte me emocionaba desde el primer mensaje solo para saludar, que el queria communicarse y pensara en mi, me hacia sonrojarme. Empecamos a enviarnos mensajes todo el tiempo por messenger, a todas horas, en mis turnos, asta cuando estaba en cama con Maykell y el con Sonia. Con cada mensaje innocente me atrapaba mas en sus manos. Le escribia mucho más a el que a Maykell mi propio esposo al que siempre solo le decia que estaba may ocupada en mi turno. Así pasaron tres o quatro semanas al empesar. Yo cada ves mas feliz de esta amistad innocente yo me diria pero que por dentro yo sabia tenia que ocultarla de todos. De Maykell y de Sonia. Como explicarle a Sonia que yo me hablaba con su esposo cuando el estaba de viajes. Que el me llamaba despues de cortarle an ella y dicirle buenas noches, que se iba a dormir mientras realmente pasaba toda la noche hablando y enviándome mensajes a mi. Incluso en los turnos que haciamos juntas las dos.
Luego, cuando los mensajes inocentes se volvieron provocativos. "Sé que bajo de esos scrubs hay algo que me volvería loco", me escribio él una noche. "Detente, Ricardo, eso no estamos casados", respondí yo en el relato, mentiendome a mi misma y tratando de frenarlo a el. De que yo no queria eso, pero mi cuerpo gritaba la verdad: yo estaba mas que mojada y adicta a sus palabras mi corazon latiendo fuerte. Mi mente decia no, que tenia que parar, pero con cada nuevo mensaje el me atrapaba mas. Una mañana Maykell habías visto uno de esos textos innocente y asta el me dijo mi amor "Este hombre quiere algo", cuando Maykell se dio cuenta que me estaba escribiendo por texto a today horas con el por la cuanta de telefono yo fingí que era nada, que lo bloquearía. Pero no lo hice so accepte que reciardo me hiciera una cuenta nueva de messenger. Así yo podría seguir leyendo todos sus mensajes innocente. Cómo me iba a tocar, qué me iba a hacer estaba adicta y no podia frenarlo. En cambio, me tocaba pensando en él, en cómo se sentiría si me tocara, si me hiciera lo que dijo que me iba a hacer
Tus caricias se intensificaron. Tus dedos se colaron bajo la tela de mis shorts, rozando mi clítoris con delicadeza. "Déjate llevar, amor", murmuraste. "No hay nada malo en tu deseo. Solo disfrútalo". Estaba en llamas. Cada línea que leía revivía memorias: los textos donde él juraba que el sabía cuánto yo quería que me tocara, cómo yo intentaba resistirme mencionando a nuestras parejas, pero que en el fondo ansiaba que me devorara. Leía sobre el primer beso, en el mirador de Transmontaña, donde Ricardo me acorraló en su carro, sus labios capturando los míos con urgencia. En ese momento, en la historia, deslizó sus dedos dentro de mí, y tú, Maykell, lo imitaste en la realidad. Maykell podía sentir lo mojado que estaba como cuando los demos de Ricardo por primera ves me tocarron en me encontro húmeda, ansiosa, y gemí sin poder contenerme.
"¿Te gusta?", preguntaste, tu voz ronca. No respondí, pero mi respiración entrecortada y la forma en que mis caderas se arqueaban hacia tu mano lo decían todo. Intentaba resistir, no quería admitir cuánto disfrutaba revivir eso contigo, cuánto me excitaba recordar a Ricardo. Pero seguí leyendo, desesperada por revivir mas llegar a las partes donde él me convencia donde me desnudaba, donde frotaba la punta gruesa de su verga contra mis labios vaginales, sin penetrarme aún, solo provocándome hasta que el placer me hacía temblar.
La habitación olía a mar y a nuestro sudor mezclado. Tus dedos se movían dentro de mí, curvándose para tocar ese punto que me volvía loca, mientras yo devoraba las palabras. En la historia, Ricardo me quitaba la blusa con lentitud, exponiendo mis pechos, lamiendo mis pezones hasta que jadeaba. Tú bajaste tu boca entonces, reemplazando tus dedos con tu lengua. Lamiste mi clítoris, chupando con avidez, y yo dejé caer el cuaderno por un segundo, perdida en la sensación. Imaginaba que eras él, que era Ricardo comiéndome, en ese mirador imaginario, con la vista de la montaña mientras el me desnudaba y tocaba en su carro y yo diciendo no.
"Piensas en él, ¿verdad?", susurraste contra mi piel, tu aliento caliente. "Dime que te encanto que te tocara como él lo hizo". Negaba con la cabeza, mordiéndome el labio, pero mi cuerpo traicionaba. Estaba más mojada que en años, mi vagina palpitando alrededor de tu lengua. La historia continuaba: cómo resistí al principio, frotando solo la cabeza de su rabo contra mis manos, el grosor de ese hongo enorme rozándo mi piel y volviendome loca, enviando ondas de placer que me hacían correrme sin que él siquiera entrara. Leí desesperadamente, mi voz ahogada en gemidos recordando como"Me corrí así, solo con eso, y él me susurró: “Eso, mi amor, muévete, muéstrame cuánto lo quieres'" mientras yo me empujaba contra los dedos de Ricardo y decia “No, Para Por Favor, no puedo hacer esto” pero no dejaba de moverme.
Tus lamidas se volvieron más rápidas, con tu lengua y tus dedos imitando el movimiento de como Ricardo me tocaba en mi mente. Me corrí entonces, fuerte, mis caderas empujando contra tu boca y tus dedos, un chorro de humedad empapando las sábanas. No pude evitarlo; era como si el tiempo se hubiera rebobinado 16 años. Tú lo sabías, lo sentías en cómo mi cuerpo se convulsionaba, en mis gritos ahogados que no negaban nada, que yo era de Ricardo
Pero no paré de leer. La historia describía el día que cedí por completo. La noche que Ricardo me llevo a cenar. La noche que me dije a mí mismo que iba a terminarlo, pero aún así me vestí con mis bragas más sexys con el provocativo vestido negro que fui a comprar con Maykell en el centro comercial Sunland Park antes de que llevara a nuestra hija a Miami. El vestido que compré con él mientras imaginaba a Ricardo quitándomelo mientras me lo proba en el camerino. La noche de yo me decia que iba a parar y decile que "No puedo más", Pero en cambio lo invité a mi casa con la excusa de que iba a hablar sabiendo muy bien lo que quería.
Tú, Maykell, te incorporaste, tu verga dura presionando contra mi muslo. "Mírate, estás perdida en esto", dijiste, quitándome los shorts por completo. Me puse de rodillas en la cama, el cuaderno olvidado a un lado, mientras tú te posicionabas detrás de mí. Tus manos separaron mis nalgas, y sentí tu lengua allí, lamiendo mi ano con sorpresa, un toque que nunca habíamos explorado tanto. Gemí, recordando cómo Ricardo una vez rozó ese lugar con sus dedos, prometiendo más. "Esta bien sentirte así, mi amor", murmuraron los dos "Quiero que te rindas a tus fantasías. Piensa en él como querias que te penetrara".
Entraste en mí entonces, tu rabo deslizándose en mis labios empapados con facilidad. Embestías lento al principio, dejando que leyera más fragmentos: los textos donde Ricardo describía cómo se tocaba pensando en mí, cómo sabía que yo me masturbaba con sus palabras. Nunca lo había admitido, pero era verdad. Antes de él, no me tocaba así; después, no podía parar. Imaginaba su acento ronco diciéndome que no dejara que tú leyeras los mensajes, que te pondrías celoso. Y lo estabas, pero de una forma que te endurecía más.
Tus embestidas se aceleraron, una mano en mi clítoris, la otra apretando mi pecho. "Dime que lo quieres dentro de ti denuebo", exigiste. Intenté resistir, mordiendo la almohada, pero mis caderas respondían, empujando hacia atrás, queriendo más. En la historia, Ricardo me penetraba sin piedad, su pene grueso y curviado llenadome como nadie, y yo me corría una y otra vez, gritando su nombre en silencio. Maykell de nuebo me pedia que le admitiera que “ el pene de Ricardo me encantaba mas que el del, que el pene del es el unico que me a echo venir com colo entrar” yo no podia decir eso pero Tú lo sentiste: mi vagina contrayéndose alrededor de tu verga, mojándote por completo. "Joder, Mariela, estás tan mojada", gruñiste. "Eso es lo que querías, ¿verdad? Su rabo grande, provocándote hasta que no pudieras parar". Maykell se muere porque se lo diga en vos alta, que diga Ricardo que diga que Su pene es el mejor, pero mi cuerpo se lo dice aunque mi voz no, solo en como me mojo cuando pienso en Ricardo
Me volteaste, poniéndome encima de ti, y reanudé la lectura mientras cabalgaba Su pene. Cada palabra avivaba el fuego: cómo él me hacía rogar sin palabras, cómo su punta gruesa me hacía correrme solo rozándome. "Muévete contra mí, como lo hiciste con él", me dijiste, y lo hice, mis caderas girando, frotando mi clítoris contra tu base. Imaginaba a Ricardo debajo de mí, su voz: "Así, mi amor, eres una bellesa, baila, muéstrame tu deseo".
El clímax de la historia era ese día no pude contenerme más. En nuestra propia cama, después de meses de provocaciones, lo dejé entrar por completo. Su rabo me llenaba, embistiendo profundo, y yo empujaba contra él, corriéndome instantáneamente. "Esto es lo que has soñado", me decía. "Dime que lo quieres". Mis gemidos eran la respuesta, mi cuerpo temblando en éxtasis. Las voces de Ricardo y Maykell ambos diciendome lo mismo.
Tú aceleraste, follándome con fuerza, tus manos en mis caderas guiándome. "Córrete para mí, pensando en él", ordenaste. Y lo hice, un orgasmo que me dejó temblando, mi coño apretándote hasta que te corriste dentro de mí, caliente y profundo, un cream-pie que me hizo sentir llena, deseada. Colapsamos juntos, jadeando, el cuaderno caído al suelo.
Pero la historia no terminaba ahí. Seguí leyendo, aún montada en ti, sintiendo tu semen goteando de mí. Ricardo y yo habíamos prometido que era la última vez, pero los textos continuaron, las fantasías persistieron. En Cartagena, con el mar rugiendo afuera, me di cuenta de que no era solo sobre él. Era sobre nosotros, sobre cómo revivir eso nos había encendido de nuevo.
Te besé, profundo y lento. "Me gustó", admití por fin, mi voz un susurro. "Me encanto Mucho la historia". Tú sonreíste, endureciéndote otra vez dentro de mí. "Sabía que lo harías. Ahora, hagamos nuestra propia versión".
Pasamos la noche explorando. Me ataste las manos con la bufanda de seda que trajimos, un juego que nunca habíamos probado. Tus dedos y lengua recorrieron cada centímetro: lamiendo mi ano de nuevo, introduciendo un dedo lubricado mientras me follabas el coño con la lengua. Gemí, imaginando a Ricardo, pero también a ti, fusionados en mi mente. Me hiciste correrme así, squirteando sobre tus labios, y luego me penetraste de nuevo, esta vez por detrás, lento y profundo en mi culo, algo que solo había fantaseado. "Sí, joder, más", supliqué, mi resistencia rota.
Al amanecer, exhaustos y satisfechos, caminamos por la playa. El sol salía sobre el Caribe, tiñendo el agua de oro. "Gracias por el regalo", te dije, entrelazando mis dedos con los tuyos. "Me hiciste recordar que el deseo no es prohibido; es nuestro".
Tú reíste, tirándome hacia ti para un beso salado. "Y te tengo una sorpresa mas mi amor. ¿Lista para la próxima aventura?” Hoy te van hacer un masaje, Daniel esta aqui, mi corazón y mi respiración se aceleraron. Daniel el primo de Lina? El que nos dio a todas las invitedas masajes que yo le admiti a Maykell me avian encantado y vuelto loca. Aunque el fue may respotoso con todas. Todas nos reiamos cuando nod contabamos enter nosotras lo que diving avia sido. Si ese medijo Maykell. You lo contacted para darte solo masajes a ti esta semanada. Maykell me dijo que Daniel le dijo “que le encantaria darme solo masajes a mi asi podiera concentrate mas solo en mi”, pero otra cosa el te iba a recojer todos los dia y salieran al or star primero algo liviano y despuies te llevaria a su hotel para el masaje. Yo estaba en shock con este plan. No porque no me encataria Daniel era encantador pero no se que Maykell pensaba que iba a pasar. Y por ultim Maykell me dijo el leyo tu historia. No sabe que es verdad solo una fantasia. Ahora si me volvi loca. El saber que Daniel que noto que como mis pesones se endurecian por el debajo de la teal finita de mi blush transparent, y cuanto me moje cuando sus manos repetuosamente me tocaba el cuerpo. Cada otro dia de masajes me mojaba mas aunque el nunca me toco ninguna parte intimima. No porque me fartaba ganas. Pero saber que Daniel leyo una historia conmigo donde me dominaban sabiendo may bien que el sabia que me mojaba y prendia mientras me tocaba me puso caliente denuebo. Solo pensaba en que podia poner me y arrielarme el pelo para cuando me recogiera. Estaba en el cuanto con mi esposo imigando como vestirme para que otro ombre me viera deliciosa.
Asentí, el calor entre mis piernas reviviendo. En Cartagena, todo era posible.